ENSEÑAR LA COMPRENSIÓN
La situación sobre nuestra
Tierra es paradójica. Las interdependencias se han multiplicado. La conciencia
de ser solidarios con su vida y con su muerte liga desde ahora a los humanos.
La comunicación triunfa; el planeta está atravesado por redes, faxes, teléfonos
celulares, módems, Internet. Y sin embargo, la incomprensión sigue siendo
general. Sin duda, hay grandes y múltiples progresos de la comprensión, pero
los progresos de la incomprensión parecen aún más grandes.
El problema de la comprensión
se ha vuelto crucial para los humanos. Y por esta razón debe ser una de las
finalidades de la educación para el futuro.
Recordemos que ninguna
técnica de comunicación, del teléfono a Internet, aporta por sí misma la
comprensión. La comprensión no puede digitarse. Educar para comprender las
matemáticas o cualquier disciplina es una cosa, educar para la comprensión
humana es otra; ahí se encuentra justamente la misión espiritual de la educación:
enseñar la comprensión entre las personas como condición y garantía de la
solidaridad intelectual y moral de la humanidad.
El problema de la comprensión
está doblemente polarizado:
Un polo, ahora planetario, es
el de la comprensión entre humanos: los encuentros y relaciones se multiplican
entre personas, culturas, pueblos que representan culturas diferentes.
Un polo individual, es el de
las relaciones particulares entre familiares. Estas están cada vez más
amenazadas por la incomprensión. El axioma « entre más allegados, más
comprensión » sólo es una
verdad relativa y se le puede oponer al axioma contrario « entre más allegados menos
comprensión » puesto que la
proximidad puede alimentar malos entendidos, celos, agresividades, incluso en
los medios intelectuales aparentemente más evolucionados.
La comunicación no conlleva
comprensión.
La información, si es bien
transmitida y comprendida, conlleva inteligibilidad, primera condición
necesaria para la comprensión, pero no suficie



